La coyuntura política, y su desenfrenada vorágine electoral, no opaca la capacidad de los actores intervinientes en construir y dinamizar propuestas superadoras para aportar en la búsqueda de la salida del desastre nacional en el que sumergió, a la mayoría de los argentinos, la gestión encabezada por Mauricio Macri.

El sindicalismo argentino no es excepción entre esos actores. Columna vertebral del Peronismo como Movimiento Popular: protagonista de luchas inclaudicables a lo largo de la historia, víctima de rupturas y especulaciones dirigenciales en muchos otros momentos. El sindicalismo ha sabido sobrevivir a sus propias traiciones y contradicciones, a la distancia o la cercanía que establece con los gobiernos de turno, según considera para su conveniencia. En todo caso, las configuraciones y diferencias en cada etapa siempre fueron políticas.

Durante los gobiernos kirchneristas la CTA tuvo fracturas. El sector que encabezaba Hugo Yasky acompañó hasta el final a Cristina Fernández de Kirchner, mientras que la CTA Autónoma, liderada por Pablo Micheli y los sindicatos de la CGT, que respondían a Hugo Moyano, no dudaron en parar el país para reclamar modificaciones en el mínimo no imponible (MNI). Del lado oficialista, un desabrido y poco carismático Miguel Caló, intentó ocupar un lugar que le quedó grande desde el primer momento.

Moyano inauguró en 2015 una estatua de Perón junto al entonces Jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, en un claro mensaje político hacía lo que él consideraba un gobierno agotado. Tampoco podemos olvidarnos de las declaraciones políticas del hijo de Hugo, Pablo Moyano, ninguneando los avances impulsados por la Administración Nacional para los sectores populares que consideraba insuficientes; ni de la estúpida intención de La Cámpora de afiliar a ATE a todos los militantes que entraban al Estado, para dar ‘la batalla política desde adentro’, en el sindicalismo de finales de la era K. Todas las herramientas al servicio de la disputa de poder; el abecé de la política.

María Eugenia Vidal, Hugo Moyano y Mauricio Macri – 2015. Telam

Cuando Macri llegó al Gobierno Moyano se guardó. La CGT “oficial” siguió siendo oficialista, aunque cambio el Gobierno. Fue encabezada por un triunvirato de peleles: Héctor Daer, Juan Carlos Schmid y Carlos Acuña. A estos dirigentes hubo que rogarles que se pararan firmes delante de un gobierno prepotente que llegó en 2015 para destruir las conquistas de derechos y vulnerar a los trabajadores. Nunca terminaron de hacerlo. Cuando las papas queman, los tibios no llegan a dar ni asco.

Por el lado de la CTA, ambas facciones estuvieron en la calle dando pelea, sencillamente porque la realidad rompía el tejido social de forma pornográfica. Tanto Yasky como Micheli interpretaron los hechos y estuvieron del lado del Pueblo.

Moyano volvió a asomar la cabeza por el 2017 y lo máximo que logró fue una persecución judicial por parte del Presidente, sólo comparable a la que sufrió (y sufre) la ex Presidenta.

No tengo la mínima pretensión de hacer una evaluación individual de cada dirigente gremial que tenga o haya tenido capacidad política para intervenir en las diferentes etapas. Lejos estoy de esa búsqueda.

Lo que me parece que es absolutamente reivindicable es lo que va a ocurrir mañana jueves en el Microestadio del Club Atlético Lanús durante el Congreso de la CTA. Allí se decidirá el retorno de la CTA a la CGT después de 28 años de ruptura.

“Vamos a iniciar las tratativas para reunificar el movimiento sindical” dijo Yasky haciendo públicas sus intenciones de Unidad. Micheli manifestó su desacuerdo, siempre y cuando no haya cambios reales en la conducción de la CGT, donde por estos días suena el nombre de Sergio Palazzo, dirigente de Bancarios, como próximo Secretario General de la central obrera. Por esta razón es que Palazzo fue invitado al Congreso de la CTA, al igual que Hugo Moyano, Axel Kicillof, Máximo Kirchner y el candidato a Presidente Alberto Fernández.

Hugo Yasky y Pablo Micheli. Telam

Por su parte, el líder de la CTA Autónoma declaró hace unos días en Tiempo Argentino que “si quienes van a conducir el proceso son los mismos a los que hace unos años le estábamos diciendo ‘poné la fecha’” que “la CTA pierda identidad para ir a una unificación en la que se impongan las políticas dubitativas y posibilistas, como las que han tenido ‘los gordos’ durante el gobierno de Macri, no nos parece correcto. Más allá de que vayamos a tener un gobierno nacional y popular por el que incluso hemos peleado”. No parecen ser tan desacertados los matices, ni tan difíciles de lograr los consensos. Los ‘gordos’ fueron funcionales cuando debían serlo. La decisión política de la unidad es también responsabilidad de la CGT, de sus próximos pasos más allá de la buena voluntad personal que manifiesten Yasky o Moyano.

El sindicalismo argentino se propone consolidar una política que lo reagrupe y lo coloque como uno de los protagonistas en la escena que, si todo continúa como hasta ahora, se iniciará el 10 de diciembre con la llegada del Frente de Todos a la Casa Rosada.

La política fue vaciada, frivolizada y marketinizada durante el Macrismo. El sindicalismo se camaleonizó sin sonrojarse, pero todo indica que llegan nuevos tiempos a la Argentina y ojalá eso incluya la Unidad de los trabajadores.

Y al que no le gusta: se jode, se jode.


Foto de portada: Telam

5 COMENTARIOS

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre acá