¿Qué podría colaborar en que todas las paciencias se cansen de esperar?, ¿Quién sería capaz en un escenario tan adverso para la ‘República’ de hacer declaraciones provocadoras, agresivas y violentas para con el sistema democrático argentino? ¿Quién puede ser tan irresponsable, miserable, y ocurrentemente dañino?

No es tarea sencilla encontrar en la agenda política actual elementos que me permitan bromear, ser irónico o hacerme el gracioso.

Dudo mucho que sea motivo de risa el hecho de que  la mayoría de los argentinos no lleguemos a fin de mes, que los que hasta hace no mucho tiempo comían, dejaran de hacerlo; que para ocupar doce puestos de trabajo en una fábrica de hielo en Bernal se presenten 2.500 curriculums, o que los pequeños productores de las economías regionales, devastadas por el Macrismo, regalen comida en Plaza de Mayo, o que  las Pymes caigan como moscas, una tras otra.

No me da risa. Pero la verdad es que el Macrismo ha llegado al punto donde la realidad supera la ficción en cada momento, y cosas increíbles ocurren en la desesperación de un sector de la clase dirigente bastarda y miserable que destruyó todo a su paso.

El mayor exponente de esta miserabilidad es, sin ninguna duda al menos para mí, la ya consagrada en el mundo del humor: Elisa María Avelina Carrió.

Resulta que la diputada tuvo un nuevo acto de sincericidio sobre las elecciones del 27 de octubre: “A las 6 (de la tarde, hora de cierre de comicios del 27 de octubre) vamos a decir ‘ganamos’, aunque no sepamos si ganamos. Se sale con la certeza de la victoria en todo el país y también en provincia de Buenos Aires. Y se anuncia el más grande triunfo para este señor en la Capital Federal”.

La cara de Horacio Rodríguez Larreta, asunto difícil si los hay, no podía disimular la confusión y la incomodidad. No sabía si darle las gracias o rogarle que ya no lo ayude. Diego Santilli se puso todo colorado; permítanme la licencia de un chiste bien pelotudo para amenizar y edulcorar esta tragedia nacional que algunos insisten en presentarla como comedia: la audiencia que sigue a Carrió no festejó tanto la humorada de la líder de la Coalición Cívica, porque el promedio de edad es muy alto y si se ríen mucho corren riesgo de mearse encima. Si no fuera porque hay que evitar la micción en masa, Carrió hubiera agotado entradas en todos sus shows de campaña. Lo malo es que esa audiencia no sólo retiene el pichín, aplaude y celebra a la hilarante Lilita, sino que además vota; pequeñas imperfecciones de la democracia. Todo indica que el triunfo de los de este lado de la grieta será biológico y generacional. Ellos son más viejos, mueren antes, cada vez son menos, hay que tener paciencia.

Paciencia como la que tiene Rogelio Frigerio, quien no se cansa de advertir sobre las barbaridades que dice Carrió, que irresponsablemente pone en duda el funcionamiento de las jornadas electorales que este año nos toca, cívicamente, transitar a los argentinos.

Paciencia como la que tiene Rodríguez Larreta, tratando de que el collar de melones en el que se convirtió el presidente Macri no lo arrastre hasta el subsuelo más hondo del fracaso político y lo empuje a perder la elección en la Ciudad.

Paciencia como la que tienen los pilotos de Aerolíneas y Austral que quedaron, como muchos otros sectores, con los salarios en treinta puntos por debajo de los niveles de inflación, pero igualmente levantaron el paro programado para el fin de semana.

Paciencia como la que tiene la mayoría del Pueblo Argentino para esperar que llegue el final del mandato para que nadie, nunca más, arroje sospechas sobre las mayorías, acusándolas de ser golpistas o antidemocráticas o de que no tienen respeto por las Instituciones de la República. Aunque esa República esté sumergida en una crisis de hambre, desocupación, falta de salud, educación, y caída de la producción y el consumo.

En este contexto, ¿Qué podría colaborar en que todas las paciencias se cansen de esperar?, ¿Quién sería capaz en un escenario tan adverso para la ‘República’ de hacer declaraciones provocadoras, agresivas y violentas para con el sistema democrático argentino? ¿Quién puede ser tan irresponsable, miserable, y ocurrentemente dañino?

Exacto. Nadie más que Elisa Carrió.

La misma Carrió que hace dos años fue votada por uno de cada dos porteños, y ahí me cuesta que no me venga de adentro el negro resentido del conurbano que nunca dejaré de ser.

Los porteños votaron a la misma Carrió que festejó la muerte de José Manuel De la Sota, la misma Carrió que bromeó sobre el asesinato del gobernador Soria, la misma Carrió que ventila, cuan ‘Faraona’, las peleas que tiene con Durán Barba o Pichetto, porque Carrió puede ser una demente con navaja institucional, pero no va a permitir que una sobremesa se desinfle sin anécdotas y chistes descostillantes y grotescos.

Las armas de La Cámpora; la gente los quiere ver muertos; Santiago Maldonado como Walt Disney; reuniones de Cristina con rusos en Cuba; el codazo de Mario Negri; los amigos que están esquiando en Europa; ‘el camino es difícil pero vamos a la luz’. Es imposible enumerar todas las pelotudeces que dice esta señora, a la que sin dudas la prefiero como humorista que como dirigente política.

Pero bueno, tiene mandato dos años más, seguro se va a volver a presentar y allí estará media ciudad legitimando la locura, el desequilibrio y la provocación violenta de este ser tan pero tan porteño, aunque haya nacido en Chaco.

Así las cosas en Argentina. Soy un negro resentido y cada Pueblo tiene los humoristas que se merece. Chim pum.

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