El debate presidencial volvió a dejar perlitas que durarán años en la memoria colectiva. Serán utilizadas por futuros oficialismos y oposiciones, como ocurrió con el tan recordado debate previo al ballotage del 2015. El candidato del Frente de Todos lo recordó en su primera intervención, y no era para perdérselo, enfrente estaba quien materializo en su gestión todo lo que había prometido no hacer en el debate anterior.   

Es poco esperable que los votos se redistribuyan de tal forma que haya alguna sorpresa, pero la oportunidad de exponer a todo el país y en simultáneo las ideas y propuestas de cada uno de los candidatos, es una ganancia para la democracia si se lo hace de forma seria, honesta y responsable.

Como primera conclusión, parece que la polarización se profundiza. Podrían trasladarse votos del centro Lavagnista al Frente de todos, ya que la buena intervención del candidato de Consenso Federal invita más a recordar su buen desempeño como ministro que a verlo como alternativa de poder. La performance sólida y coherente del candidato de la derecha liberal, José Luis Espert, podría actuar como receptor del voto antiperonista y conservador enojado con Macri, que no adhiere al #SiSePuede y otros delirios místicos del ala canónica del macrismo. Será motivo de debate para analistas y politólogos que matizaran encuestas y reacciones a lo largo de estos días si la diferencia se alarga o se mantiene, pero parece que no habrá muchas más sorpresas. Hay algo casi definido que ayer se notaba en el aire.

Lo que nos ocupa, y que sin dudas se suponía iba a ser el tema destacado en este primer round de la disputa, es la economía.

No hay que explicar mucho esta afirmación, la crisis económica del gobierno de Macri ya es un hecho insoslayable que se lleva puesto todo a su paso, relegando en la agenda temas de gravedad institucional como la manipulación de la justicia, los abusos de autoridad, y los casos de corrupción que la oficina anticorrupción por alguna razón desconoce. A la vista están los resultados: caída record de todos los indicadores, pobreza que terminará en el 40% al final del mandato, reservas exiguas y un horizonte de recuperación con pronóstico reservado.

De todas las menciones a la economía que hizo el presidente, la más destacada por su falsedad, pero sobre todo por el condicionamiento que tendrá para el futuro, es la mención al estado y origen de la deuda externa. La insostenible afirmación impacta si se tiene en cuenta que Macri dejará el gobierno en default luego de recibir una economía desendeudada, con un endeudamiento record con el FMI que pone en riesgo el patrimonio neto de esa institución, tasas de interés exorbitantes y una ratio deuda-PBI que cualquier analista serio señalaría como preocupante. Ni hablar si hacemos lo propio con la ratio deuda–exportaciones, otro enfoque del mismo problema y que expone las dificultades a las que se enfrentará el próximo gobierno.

Un tema transversal a todos los candidatos, menos a la izquierda, fue el déficit fiscal. Era de esperar que la derecha conservadora y los liberales, si es que vale diferenciarlos en Argentina, apuntaran hacia allí. Es coherente y honesto que lo hagan, ese es el origen de todos los males según su ideología. El tratamiento que le dio Espert, como era de esperar por su condición de economista, fue más consistente, hizo foco en eliminar gastos y abrir el comercio, culpó a las “corporaciones sindicales” (hasta personalizando en algunas de las figuras del movimiento obrero y sindical) y hasta se animó a propuestas de arancelamiento de la universidad pública y modificación del sistema de salud para asemejarlo al europeo. Todo esto puede sonar antipático, pero es lo que propone hace muchos años. También puede sonar extraño, siendo que la fuerza que encabeza este candidato apoya a Larreta en la ciudad de Buenos Aires, que gasta en publicidad más que en salud o infraestructura y que dedica millonadas en pintorescos e inútiles canteros. Perlas de la política argentina.

Nicolas del Caño hizo lo propio con el sistema bancario y los servicios públicos, pero a la inversa, propuso su estatización. El resto del debate lo encontró disputando votantes por izquierda con el candidato peronista, lo que es lógico en términos tácticos pero inexplicable desde lo ideológico, teniendo la oportunidad de confrontar con dos candidatos de derecha.

El caso de Gomez Centurión parece más estrafalario, ya que a su propuesta de bajar casi todos los impuestos (prometió eliminar ingresos brutos, por ejemplo) se suma un ambicioso plan de defensa y rearme que, vista la experiencia de cualquier potencia militar, sabemos que insume muchos recursos y no convive muy bien con al ahorro fiscal. 

Nobleza obliga, la única mención al empleo informal, uno de los temas estructurales que tiene la economía argentina, surgió de ahí. Si no tenemos en cuenta la falacia del alto poder adquisitivo de los empleados sindicalizados como motivo del empleo “en negro”, es cierto que hay una problemática que necesita ser atendida en ese 30% de informalidad que afecta no solo la recaudación, sino la posibilidad de incorporar al sistema a por lo menos 4 millones de personas, contabilizando beneficios fiscales y ni hablar en la calidad del mercado de trabajo.

La explicación didáctica de la que se valió Alberto Fernandez para explicar el problema de la economía macrista es tan elemental como importante, si se quiere entender cuál es el principal botón que deberá apretar el próximo presidente ni bien llegue a la casa rosada el 10 de diciembre. El consumo esta derrumbado, y nuestra economía no puede soportarlo mucho tiempo más si queremos evitar que las consecuencias sean irremediables.

En contraste con esto, Espert planteó algo en la dirección opuesta mencionando la ecuación macroeconomía fundamental, al afirmar que crecer exportando no es posible sin consumir menos internamente. Bien, la ecuación en cuestión postula la siguiente equivalencia. PBI= C+I+G+X-M, donde el producto de toda la economía es igual a la suma del consumo, la inversión, el gasto público y las exportaciones. Todas ellas netas de los componentes importados.

Llama la atención que Espert haya dicho que no se puede crecer exportando y consumiendo a la vez, ya que no es necesariamente así, basta interpretar la ecuación que acabamos de presentar. Si se explica desde su pensamiento: relegar el consumo público y privado para generar excedentes exportables es la clave para los liberales, esto es, no se sorprenda nadie, más ajuste.

El ejercicio es interesante. En nuestro país, las exportaciones son prácticamente fijas en este estado de cosas, ya que exportamos bienes primarios que no pueden crecer de forma exponencial, por las fuertes limitaciones que tienen en cuanto a recursos naturales (territorios cultivables) y los vaivenes de la naturaleza (vale recordar la sequía de 2017).

Si descontamos las importaciones y suponemos que el gasto público no puede expandirse más allá de lo razonable, nos queda apostar al consumo y la inversión. Si nos preguntamos cual depende temporalmente de la otra, el sentido común nos indicará, sin temor a equivocarnos, que los proyectos de inversión se realizan si tienen un horizonte de demanda esperada que permita el recupero de esa inversión y la rentabilidad de los negocios.

Así como Macri instalo la salida del CEPO y la lluvia de inversiones en 2015 y logró convencer a gran parte del electorado de que el camino correcto era ese, parece que Alberto Fernandez hizo lo propio con esto que precedentemente mencionamos, “encender la economía” es el hit de la campaña. Sin dudas poner en marcha una economía deprimida que consume el 70% de lo que produce no puede empezar por otro lado. Claro que el resto es importante, pero hay que salir de la terapia intensiva.    

Luego habrá que administrar el comercio de forma estratégica para generar los excedentes necesarios para afrontar los compromisos, buscar inversiones que financien los grandes proyectos que permitan torcer el estancamiento estructural que padecemos hace 8 años, como bien indico Roberto Lavagna en una de sus intervenciones más interesantes, junto con su mención al drama del hambre.

También es necesario generar la certidumbre necesaria para que los dólares fugados vuelvan al sistema y el ahorro se canalice en la inversión, otro gran problema estructural de la Argentina. Este estuvo ausente si no fuera por el fallido del Presidente, que relaciono la fuga de capitales propiciada por sus amigos con la corrupción. Oportuno trabajo de Eduardo Basualdo en 2017, donde se detalla la operatoria de la fuga mediante los excedentes comerciales en épocas de auge del ciclo económico, pero que repiten en épocas como estas, basada en el endeudamiento.   

La inflación, menos aludida de lo esperado, debería haber ocupado un lugar central, no solo porque este año rondara el 60% y tocara un record histórico, sino porque es sin dudas el tema de corto y mediano plazo que más creatividad y pericia requerirá de los equipos técnicos que afronten la difícil tarea de hacerse cargo la cartera económica.

Ante el discurso simplista de la explicación fiscal de la inflación, se impone la realidad. Tal vez la mención  a “ser ortodoxo en algunas medidas y heterodoxo en otras” dan una idea del enfoque pragmático que tiene el candidato mejor posicionado para ganar las elecciones de Octubre, y tenga que hacerse cargo del desbarajuste que deja Macri en el mercado cambiario y en materia de precios. La falta de menciones a la dolarización u otros experimentos parecen estar atravesados por la crisis de Ecuador y el recuerdo de la convertibilidad. No es lo mismo el panel de un programa de entretenimientos disfrazado de debate político que la competencia por la presidencia y la posibilidad cierta de ocuparla.   

Finalmente, la sensación general, es que el debate no deja grandes definiciones en los temas económicos de largo plazo, como el desarrollo industrial, el perfil productivo que adoptara el país para potenciar sus exportaciones y el uso de los recursos naturales, entre otros. 

Luego de cuatro años de una gestión económica que dejan una crisis de magnitud, siempre es bueno que se presente la oportunidad de discutir y debatir la economía. Ahora queda el desafío de hacerlo a fondo y sobre todo seriamente, ya que las transformaciones que deberán hacerse en pos de recuperar el crecimiento y encarar el desarrollo serán más que desafiantes.

Foto de portada: Telam 

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