El segundo encuentro de candidatos cerró la primera experiencia de Debates Presidenciales obligatorios. Aun cuando el formato paradójicamente no promueva el debate, despertó el interés de la gente. ¿Qué rol jugó cada candidato y qué aprendimos para cuando toque organizarlos de nuevo en 2023?

El proceso electoral se encamina a una de las elecciones más polarizadas desde el retorno de la democracia, donde Alberto Fernández y Mauricio Macri podrían concentrar más del 80% de los votos. Conocedores de esta situación, ambos candidatos se encargaron de discutir entre ellos durante todo el debate, reduciendo a los otros cuatro aspirantes a un rol de reparto. Salvo un pasaje en el que José Luis Espert le hizo una pregunta directa a Fernández, que el candidato del Frente de Todos contestó inmediatamente después, los intentos de los dirigentes con menor intención de voto de polemizar con ellos fueron sistemáticamente ignorados. A todos se los vio más desenvueltos y cómodos con el formato que en el primer encuentro, con la salvedad de Gómez Centurión a quien le siguió costando acomodarse a los segundos disponibles.

Percatados de que la elección se definirá entre Macri y Fernández, los demás candidatos atendieron a objetivos distintos. Del Caño se encargó de incluir la agenda de la izquierda y habló de temas que no estuvieron presentes en ninguno de los otros discursos, como la violencia institucional o el cupo laboral trans, e hizo énfasis en el medio ambiente, que ocupó menos relevancia en las intervenciones de los demás. Espert intentó igualar al macrismo con el kirchnerismo a través de las denuncias de corrupción y el mal manejo de la economía, sus propuestas buscaron contener a parte del electorado con el propósito de sostener un caudal de votos que le permita pasar la ambulancia, entre la tropa macrista, luego del 10 de diciembre. Roberto Lavagna se mostró claro en sus explicaciones, salvo un impasse en el que pareció quedarse sin palabras durante algunos segundos, pero quedó diluido entre los principales contendientes al evitar los extremos y buscar, permanentemente, el término medio durante los distintos bloques. Gómez Centurión apeló al sector más conservador y reaccionario, con propuestas de mano dura para combatir la inseguridad y guiños discursivos que rozaron el negacionismo.

El entonces Presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, participando de un Town Hall Meeting | The White House.

Más allá del valor democrático que tienen los debates presidenciales, está claro que el formato utilizado este año atenta contra el intercambio de ideas. Cierra tanto la posibilidad de diálogo entre los candidatos que transforma el debate en un compendio de monólogos de campaña. Consultados sobre este tema, referentes de los distintos espacios criticaron las reglas por impedir la discusión o profundización de los temas, pese a haber sido ellos mismos quienes las establecieron.

Desde el Frente de Izquierda intentaron incluir un segmento de preguntas y respuestas, similar al que existió en el debate entre Macri y Scioli en 2015, pero la propuesta fue vetada por los demás espacios. Desde el estilo de los Town Hall Meeting de impronta anglosajona, que dejan el rol de la moderación en un lugar secundario y permiten el intercambio directo con el público que genera las preguntas, hasta el modelo cerrado y estricto que tuvimos este año en Argentina, las opciones son diversas. Lo cierto es que el debate de atril con moderación periodística estricta, temas predefinidos y tiempo de respuesta inflexible es sólo uno de los formatos disponibles.

Sería interesante pensar en la posibilidad de combinar distintos sistemas y buscar una mayor participación del público o el periodismo, teniendo en cuenta que la organización de este año despertó críticas tanto en la política como en la ciudadanía que, aun así, prestó especial atención en ambas jornadas. Pese a que los debates se hubiesen transformado en un conjunto de monólogos, el segundo debate presidencial se apropió de la audiencia televisiva del domingo y dejó en claro el interés que despierta en nuestra sociedad. Entre todos los canales que lo transmitieron alcanzó los 32,4 puntos de rating, casi tres más que el primer encuentro en Santa Fe; las búsquedas del tema en Google lideraron la jornada y ocupó las principales tendencias en Twitter.

Foto de portada: Telam

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