Cuenta el chiste que un realista discutía con un optimista y un pesimista sobre un vaso de agua, hasta que un oportunista se acercó a la mesa y se lo tomó. La política tiene algo de la mística de esa mesa, pero con mala reputación.

Por más que suene a enemigo público, el oportunismo puede ser un gran aliado para reconfigurar las estructuras sociales, el problema, por lo menos en este campo, es ético: terminar interpretando la política como una acción de marketing, donde una necesidad insatisfecha es un posible negocio. 

Hace apenas una semana, el reciente presidente electo Alberto Fernández se reunió con Brian Gallo, el joven de 22 años que fue injustamente protagonista de un meme que lo acusaba de ladrón por su facha. La facha de quien viste una gorra y no es Justin Bieber o Enrique Iglesias. Por que por más que el diario La Nación quiera responsabilizar a la vestimenta, acá se juegan otros valores y el diario lo sabe

La foto de Alberto Fernández abrazado a Braian y apoderándose de su gorra como símbolo de la empatía, no tardó en despertar algunas nefastas pasiones como la llamada “Operación Gorrita”, producto de la demagogia y el “populismo barato” -¿cuál será el caro?. En tiempos donde una imagen vale más que mil palabras, ¿por qué no ser oportunista y recordar que todo ser humano es merecedor de un trato digno? 

¿La oportunidad es necesariamente un vicio político? No, aunque tampoco debería ser el único despertador que les suena para reparar o exponer una injusticia social. Si el oportunismo está desprovisto de ética, pensamiento y acción política, no solo se toma el vaso del otro, sino que deja con sed a tres más.

Mauricio Macri, presidente hasta el 10 de diciembre, aprovechó la famosa Ola Verde para capitalizar un reclamo social con respecto a la legalización de la interrupción del embarazo durante el 2018. En aquellos tiempos fue llamado “El feminista menos pensado” o, aún más extraño, “Macri, el mejor de todas”.

La misma persona un año después de la negativa sanción de la IVE pronunció que el populismo “es como cederle la administración de tu casa a tu mujer y te hipotecan la casa” o que comentó en el 2014 que a todas nos gusta que un desconocido nos diga “que lindo culo que tenés”. Por lo menos suena inconsistente para “el mejor de todas”.

Esa falta de pensamiento coherente y una acción política consecuente, hace que la ética que maneja sea por lo menos sospechosa en la mesa de cualquier argentinx. Aún así, el oportunismo de la administración de Mauricio Macri y compañía, llevó al Congreso un proyecto de ley que sistemáticamente fue negado y propició, quizás sin pensarlo demasiado, más de 110 horas de exposiciones sobre el tema. Casi lo mismo que ver las 10 temporadas de Friends de comienzo a fin.

¿Pierde valor la lucha por un derecho si el guante lo recoge el oportunista? No. El problema no es “aprovechar” la coyuntura, sino ser un tránsfuga ideológico, porque lo que se esconde detrás de toda mentira, es un carozo de verdad. Si detrás de una acción política no hay un pensamiento estructural y una ética propia, mañana el presidente quizás no tenga la marca de la gorra… De Braian.

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