Alberto Fernández es el nuevo presidente electo y gobernará el país a partir del 10 de diciembre, consiguió lo que hace algunos meses parecía imposible: ganarle en primera vuelta a un gobierno que iba por su primera renovación de mandato. Sin embargo, la distancia con Mauricio Macri se redujo respecto al resultado de las PASO y el Frente de Todos necesitará cintura política en el Congreso.

Lxs miles de votantes del peronismo que se acercaron al bunker de Corrientes y Dorrego pudieron festejar después de cuatro años de oposición. Su proyecto político demostró tener la plasticidad necesaria para volver a construir una opción de mayorías, sobre todo gracias a la generosidad de Cristina Fernández de Kirchner, que les permitirá volver gobernar el país antes de lo que muchos creían posible. Durante algunas horas se permitieron reír, abrazarse y celebrar, pero la euforia que se sentía minutos después del cierre de urnas, se atenuó a medida que los números que informaba el Centro de Cómputos mostraban un escenario mucho más parejo al de las primarias. Mauricio Macri mejoró en todos los distritos del país, mientras que las listas opositoras menguaron su rendimiento. La recuperación le permitió al oficialismo dar vuelta el resultado, al menos en el escrutinio provisorio que se cerró con el 97,13% escrutado, en Mendoza, Entre Ríos, San Luis y Santa Fe. Se sumaron así al conjunto de provincias amarillas, junto a Córdoba y la Ciudad de Buenos Aires.

Pero no hay que confundirse. Todos los análisis deben partir de la base de que Alberto Fernández hizo una excelente elección, le ganó en primera vuelta a un gobierno que iba por el segundo mandato, tiró por tierra la máxima de que cualquier oficialismo que re-elige gana y lo hizo por paliza. El triunfo en las PASO, con 15 puntos porcentuales arriba del presidente, generó una reacción visceral en muchos votantes que habían optado por una tercera opción en las primarias. Aunque se maquillen entre otras opciones de moda, el sentimiento antiperonista sigue movilizando más que las propuesta prospectivas de los espacios políticos alternativos. Entre agosto y octubre lo demostraron las marchas del #SiSePuede, que buscaron construir una suerte de cruzada contra el narco-anarco-faccismo-populismo-comunismo-abortismo del peronismo.

No se pudo, aunque sí lograron polarizar al extremo las elecciones generales, que terminaron siendo un virtual balotaje presidencial.

Si los números que había obtenido en agosto ponían en duda el futuro político de Mauricio Macri, los 10 millones de votos de octubre lo alientan a tener un rol protagónico en la oposición. De hacerlo, deberá revalidar sus credenciales de liderazgo sin la musculatura que le aporta un cargo ejecutivo, situación a la que no se enfrenta desde el 2007, cuando ganó por primera vez la jefatura de gobierno de la Ciudad. Sostener la unidad de Cambiemos durante los últimos cuatro años no fue tarea sencilla y, sobre todo, no le salió gratis. Con mucha más disputa interna de la que trasciende en los medios, el oficialismo pudo mantener el orden apelando, en última instancia, a la obediencia debida de la palabra presidencial. Los pases de factura, las deudas pendientes, los heridos del cierre de listas, son terreno fértil para que dirigentes de segunda línea den un paso al frente en el nuevo tablero político.

Horacio Rodríguez Larreta festeja su re-elección | Telam

Horacio Rodríguez Larreta es el que queda mejor parado desde lo institucional: reelegido en primera vuelta, tiene la posibilidad de pasar la ambulancia entre los heridos de Nación y Provincia para volver a ordenar la tropa. De hecho, varios funcionarios nacionales aspiran a refugiarse en la Ciudad, convirtiéndola en una suerte de La Matanza cambiemita sobre la que reconstruir de cara al 2023. Sin embargo el larretismo, que ya existe como entidad escindida del partido amarillo, va a poner reglas de visado muy estrictas para admitir el ingreso a su territorio. Obligados a construir un vínculo institucional con Alberto Fernández y Axel Kicillof y con la vidriera mediática que es la gestión porteña, saben que es el momento propicio para mostrar autonomía táctica sin romper del todo con Mauricio.

En provincia de Buenos Aires un dirigente muy cercano a María Eugenia Vidal, hasta hace algunos meses la dirigente política con mejor imagen positiva del país (al menos eso decían las consultoras, que están más para poner un parripollo que para seguir encuestando) afirmó que si no hubiesen tenido que “ponerse al hombro la campaña presidencial podrían haber retenido el distrito”. Imposible saberlo. En su riñón aspiran a construir un espacio político con mayores niveles de autonomía, golpeados por lo que consideran un “destrato” del gobierno nacional que les obligó a quemar las naves propias, para salvar el barco insignia del Presidente, que terminó hundiendo a toda la flota. El futuro de la Gobernadora es incierto, algunos la imaginan dando pelea en la provincia desde el Congreso en 2021, otros, ligada a la estrategia de Larreta.

Alberto Fernández será, también, quien termine de moldear su propia oposición desde el discurso de gobierno, a partir del 10 de diciembre, cuando se haga cargo de la gestión nacional y construya el relato de la administración pública. Lo hará con el recuerdo fresco de Durán Barba y Marcos Peña que optaron por “la pesada herencia”, apelando a mantener a la expresidenta en el centro de la escena para construir legitimidad en oposición a su figura. Terminaron facilitándole el rol central que tuvo desde la oposición y del que surgió el candidato que les terminó ganando la elección.


El congreso que viene

Los más de 2 millones de votos que sumó Mauricio Macri entre agosto y octubre impactarán también en la composición del futuro congreso. Fue la única fuerza política que ganó bancas respecto a la proyección de las PASO, claro, en detrimento de los demás espacios que terminarían con menos escaños de los que esperaban.

En términos generales, de mantenerse la tendencia en el escrutinio definitivo para la Cámara de Diputados, Juntos por el Cambio obtendría 56 bancas (8 más que con el resultado de las primarias), el Frente de Todos 68 (2 menos), Consenso Federal 3 (2 menos), el peronismo no kirchnerista 1 (1 menos) y los partidos provinciales 2 (3 menos). El Frente de Todos terminaría con un bloque de 120 diputadxs, Juntos por el Cambio con 119 y Consenso Federal con 4. Las demás fuerzas políticas, entre partidos provinciales y legisladores peronistas autónomos sumarían 12 bancas.

La imagen, propia de un parlamento bipartidista, oculta el hecho de que si se empieza a raspar la pintura celeste y amarilla de los bloques mayoritarios, aparecen otros tonos más representativos de la pertenencia política de lxs diputadxs. El Frente de Todos incluye a los bloques del Frente Renovador, el Partido Justicialista, el Frente Para la Victoria y Red por Argentina, mientras que Cambiemos está compuesto por el PRO, la UCR y la Coalición Cívica. La lógica indica que para el peronismo, como espacio oficialista, le será más sencillo mantener la tropa unida y negociar las 9 voluntades externas que necesita para llegar al número mágico de 129 que le permitiría garantizar el quórum. Juntos por el Cambio tiene un panorama más gris, sobre todo entre la bancada radical, que esperaba mucho más protagonismo que el que tuvo durante los últimos cuatro años, y donde ahora comienzan a tener más fuerza las posturas rupturistas. Esa foto bipartidista difícilmente se mantenga el 11 de diciembre.

En el Senado el Frente de Todos tiene asegurados 14 escaños y Juntos por el Cambios 7, ambas fuerzas se disputan el tercer senador por Entre Ríos con una distancia de sólo 1.902 votos que terminará de saldarse cuando se cuente la última mesa provincial en el escrutinio definitivo. El Gobernador de Río Negro, Alberto Weretilneck, es el único senador electo que no responde directamente a ninguno de los frentes, aunque posiblemente termine gravitando más cerca de la bancada peronista.

De esta forma, el nuevo oficialismo tendría una bancada de 37 senadores entre propios y aliados, que le garantizarían el quórum propio en la Cámara Alta. Cambiemos formaría un bloque de 29, el peronismo y los partidos provinciales 5 y Consenso Federal 1. Allí, con Cristina Kirchner como Presidenta del Senado, el albertismo deberá esforzarse por conseguir las mayorías especiales, como ocurre para la elección de algunos cargos, como la Procuración General de la Nación, para lo cual se necesitan dos tercios de los presentes.

Foto de portada: Telam

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