“No pagaremos deuda a costa del hambre y exclusión de millones de argentinos, generando más pobreza y conflictividad social”.

“No esperen que cumplamos con las deudas a costa del sufrimiento del pueblo”

Las frases que preceden corresponden a Néstor Kirchner y Cristina Fernandez, en tiempos diferentes, con coyunturas diferentes. La primera, previo a encarar la negociación con los tenedores de bonos de deuda argentina, que habían sido defaulteados luego de la crisis de 2001. En el segundo caso, la candidata a vicepresidenta, en una de las tantas presentaciones de su libro “Sinceramente” daba alguna noción de cuáles serían los lineamientos y prioridades de la fórmula que competiría, y luego ganaría, las elecciones de Octubre que llevaron a Alberto Fernandez a la presidencia de la nación.

Éste último, recientemente se encargaría de reforzar el mensaje en una entrevista que le brindo a Rafael correa, para la cadena de noticias Russia Today: “No podemos pagar la deuda en las condiciones que se encuentra la economía argentina”.

Lo obvio, es que el denominador común es la deuda externa. Lo relevante, es que será sin dudas, como lo fue en el pasado, el condicionante principal y el tema sobre el cual el nuevo gobierno deberá trabajar para que todo lo demás sea realizable. El mensaje, también común, tiene los mismos destinatarios. Acreedores en general, FMI en particular.

Y no es un mensaje caprichoso, tiene más bien que ver con una forma de entender la economía. No es con un programa ortodoxo de ajuste, superávit fiscal y flexibilización laboral que la Argentina solucionara sus problemas.

En un comunicado llamado “Ocho puntos sobre la economía” el Jefe de Gabinete, Marcos Peña, esboza supuestos logros de la gestión de cambiemos en materia económica. No es el objetivo de esta nota listarlos ni debatirlos, basta mencionar que el nivel de inexactitudes y datos falaces que se expresan confirman que el gobierno se encuentra de espaldas a la realidad y que apela a generar un relato que suavice el fracaso rotundo de su gestión económica.

Es interesante entonces, que es lo que allí se omite. En un rodeo inexplicable, la mención a la deuda pasa por cuanto de la nueva deuda fue financiada/soportada por el BCRA.

La realidad es que el gobierno de Macri ha más que duplicado la deuda pública, que terminara el año rondando el 90% del PBI, cuando recibió menos del 40%. Este dato es aún más alarmante, si tenemos en cuenta que el 58% de esa deuda es en moneda dura, que es el condicionante principal y la deuda más difícil de afrontar. Solo en el bienio 2020-2021, los compromisos ascienden a USD 110.000 millones. Se espera cerrar 2019 con un total de exportaciones de USD 70.000 millones.

El volumen y característica de la deuda argentina hacen que cualquier analista entienda que no es posible hacer frente a esto sin reestructurar montos y plazos. Solo el primer semestre, se deberán afrontar USD 8.000 MM con el FMI, con un nivel de reservas del USD 10.000.

Y esto se materializa ruinoso porque no se han realizado mejoras en el acervo productivo que efectivamente genere capacidad de repago. Esa es la peor deuda de todas, la que solo financia la dolarización de las carteras que no se canaliza como ahorro interno o inversión (fuga de capitales) a tasas de interés altísimas que la multiplican de forma usuraria. Más aun, que según el propio gobierno, se ha utilizado para cubrir déficit fiscal (que es en pesos) y para “pagar deudas del gobierno anterior”, luego que hasta el fugado ex Ministro de economía reconociera que la deuda recibida era llamativamente baja, situación que les permitió encarar un proceso de endeudamiento vertiginoso.

Los datos hablan por sí solos de la gravedad del asunto.

Luego del rescate del FMI en 2018, se han agotado todas las instancias de financiamiento posibles, con mercados voluntarios cerrados, exiguas reservas internacionales y excedentes comerciales que hoy, no son suficientes para afrontar los vencimientos que están a la vuelta de la esquina. Se puede entrar en cesación de pagos si “reperfilar” la deuda con el Fondo no es una opción, y todos los cañones están apuntados allí. El próximo equipo de gobierno ya trabaja en una oferta, que veremos si es aceptada por los acreedores, que esperan una quita del 40% y extensión de los plazos, seguramente con espacio para negociar. Si hay quita, sería lo razonable, el Fondo Monetario podría acompañar y patrocinar la negociación. Es una forma de cobrar lo que le corresponde, y que el recorte no llegue a sus activos. En una crisis de deuda, las pérdidas se contabilizan a la par de la capacidad negociadora de cada uno de los involucrados.

La resolución del nuevo gobierno en cuanto a la deuda será una condición necesaria para que el mercado se tranquilice y se salga de la incertidumbre reinante, CEPO incluido. Esto no es solo para los fondos de inversión que han ganado fortunas con la bicicleta financiera, y que tal vez sigan participando de buenos negocios, sino principalmente, para las inversiones productivas que son las que se necesitan para salir de una recesión que ya lleva 14 meses consecutivos. Reactivar el consumo parece ser que estará apuntalado desde el Estado, con políticas anticíclicas y de ingresos.

Inversiones primero, exportaciones después, deberán ser coordinadas con esta recuperación del consumo interno, aumentar el nivel de actividad (pero de forma controlada debido a la amenaza de una inflación acelerada producto de la devaluación que deja el Macrismo), completan la tarea extremadamente compleja que se encarara a partir del 10 de diciembre, en un mundo donde como bien señalaba hace unos días el economista Eduardo Crespo en su cuenta de twitter, el comercio mundial se está contrayendo. Podemos agregar que las instituciones regionales como el Mercosur se encuentran virtualmente paralizadas y la relación a futuro de nuestro país con su principal potencia es hoy una incógnita.

Se requerirá de mucha innovación y creatividad para buscar soluciones, nuevos acuerdos y alianzas estratégicas para potenciar el comercio y dar un marco de sostenibilidad a los compromisos financieros, si lo que se intenta es comenzar un nuevo ciclo de crecimiento que genere desarrollo y resultados de largo plazo. 

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