Si de ideas hablamos, los debates presidenciales dejaron pocas, excepto una que quedó resonando y algunos medios todavía alguna nota publican al respecto: el Ministerio de la Mujer, la Igualdad y la Diversidad -algunxs mencionan “de la Mujer, la disidencia y la diversidad”. Ahora bien, y a riesgo de sonar eternamente insatisfecha: ¿Alberto Fernández y su equipo, entienden de qué están hablando cuando hablamos de desigualdad y violencia de género y contra la mujer?

Suena lindo, para algunxs, “tener un ministerio”, pero si vamos a la filosofía del derecho y del poder, empezamos a ver cómo una acción que pretende ser novedosa, perpetúa los mecanismos de poder ancestrales dentro del régimen patriarcal: el universal masculino.

La dialéctica del amo y el esclavo, particularmente en la problemática de género, podemos resumirla en un principio básico que nace de la apropiación de lo universal como “lo masculino”, y “lo femenino” como lo particular y excluyente. Lo femenino podemos comprenderlo como “la otredad”, todx aquello que no es masculino.

La asimetría de los géneros radica en eso que dicen “pavada” dentro del lenguaje. Mientras los hombres cis género, heterosexuales y blancos, estructuran las formas de pensamiento, vida y sexualidad del resto de lxs mortales, lxs mortales luchan desde bien abajo explicando lo obvio: ¿Por qué el masculino es la única identidad que se explica a sí misma?

El riesgo de particularizar la injusticia

Cuando desde el sector político se defiende la creación de un Ministerio con nombre de sujeto, se olvida de un principio básico, la transversalidad de género. ¿Qué quiere decir? incorporar de la idea de igualdad de género en todas las acciones políticas y económicas, no como algo “adjunto” o “complementario” sino como algo “inherente” y “propio”. ¿Por qué? porque se reconocen las desigualdades entre mujeres y hombres e identidades disidentes, y se tiene la firme voluntad de resolver esas injusticias de base.

Eso quiere decir, que esos organismos como el Poder Ejecutivo, Legislativo, Judicial y los ministerios y secretarías con nombres de objeto, deben establecer políticas que tengan de base esa problemática, de la misma manera que tienen en cuenta las desigualdades de clases. Porque la desigualdad, mal que pese, es una mamushka de injusticias.

Reparticularizar el rol “no masculino” para solucionar el problema es volver a segmentar el problema como “es un problema del feminismo, es un problema de las mujeres, es un problema de lxs cuerpos disidentes”. No, es un problema en la Educación, en el Desarrollo Social, en el Trabajo, en la Economía, en la Cultura, en la Salud, en los Derechos Humanos.

“Ya hay una defensoría de género en este país: se llama Presidencia” estableció sensatamente Diana Maffia, Directora del Observatorio de Género en la Justicia del Consejo de la Magistratura de la Ciudad de Buenos Aires. Lo que explica que el Estado, en su totalidad, debe garantizar la participación, representación y las oportunidades a todxs lxs ciudadanxs que habitan el territorio. Si se gobierna con pactos de caballeros, de nada sirve un ministerio repleto de diversidades.

Paula Arraigada, activista trans y feminista. Candidata a Diputada Nacional del Frente de Todos por la Ciudad de Buenos Aires. Fuente: NiUnaMenos.

Entre lo diverso y lo disidente

Mucho se dice sobre la Diversidad y la Disidencia, pero son dos construcciones diferentes. Si bien durante el debate el Frente de Todos se refirió al Ministerio de la Mujer, Igualdad y Diversidad; por fuera de esa exposición se habla de “diversidades y disidencias”, por lo que vale el espacio una aclaración al respecto.

Las identidades canóninas, femenina y masculina, han estructurado instituciones fundacionales como la moral, la familia, la sexualidad, los roles sociales, entre otros. La diversidad remite a todas las identidades sexuales tanto normativas como no normativas (Andrógino, género fluido, pangénero, demi género, entre otrxs). Es decir, que no tiene en cuenta de qué manera circula el poder, y cómo se establece la desigualdad.

Lo disidente, en cambio, refiere a las prácticas sexuales no normativas en el marco de un Biopoder (Foucault) o Régimen Farmacopornográfico (Paul B. Preciado), por lo que no determina que las identidades sexuales son estáticas, sino que están entramadas en complejos sistemas de poder. La disidencia excluye toda práctica heteronormativa, por considerarla el régimen político patriarcal que reproduce los modelos de desigualdad de género.

“Soy Sabrina Soy Santiago”, libro que retrata la vida de Sasa Testa, reconocidx por su militancia Queer y profesxr de Castellano, Literatura y Latín. Editorial Ariel.

¿Ministerio si, Ministerio no?

En este punto es importante resaltar cuáles fueron los motivos para el llamado ministerio. Fernández mencionó dos: la imparable pandemia de la violencia de género y contra la mujer, y la brecha salarial. Ambos aspectos, bien está asumirlo, deben ser importantes para cualquier administración, por lo menos si quiere reducir los números de femicidios y precarización laboral de los sectores siempre olvidados.

La brecha salarial esta íntimamente relacionada con los roles de género, la crianza de lxs hijxs, la reproducción en los cuerpos gestantes y la informalidad laboral. Lo que implica no solo la sanción de leyes como las licencias por hijxs compartidas, sino que los ministerios de Educación, Trabajo, Salud y Desarrollo Social posean una perspectiva transversal de género para articule políticas acordes y tenga en sus filas la representación de mujeres y disidentes necesarias para conocer cuáles son las problemáticas específicas de cada grupo social.

La pandemia de la violencia de género es un problema aún más profundo porque es aceptar que el Mandato de la Masculinidad combinado con un capitalismo feroz que todo lo que toca lo convierte en mercancía, ha puesto de manifiesto que en el “Siglo de las Mujeres”, nunca maten tantas como ahora.

Eso tampoco es potestad de un ministerio, es un compromiso del Estado para asignar partidas presupuestarias en educación, seguridad y justicia. Si el botón antipánico funciona solo cuando la víctima tiene cobertura 3G, si no hay brigadas especializadas para asistir en estos delitos, si no se trabaja con perspectiva de género en los hospitales, ni se capacita la justicia para dejar de preguntar cómo vestía la víctima, no hay ministerio que pueda solucionar la pesadilla de no ser (cis)hombre en este mundo.

Cuando las redes dejen de vitorear la creación de un ministerio del sujeto, podríamos comenzar a analizar si una solución verdadera es poner en un organismo el peso de una Nación y revisar, por lo menos en la práctica, cuál puede ser una articulación factible entre ministerios, cuando la solución no está en encapsular a lxs géneros no masculinos, sino incorporarlos en la dinámica del Estado como ciudadanxs de derechos. Al fin y al cabo, el feminismo es la noción de que también, las mujeres y lxs disidentes, somos personas.

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