Faltan sólo diez días para que asuma el nuevo Gobierno encabezado por Alberto Fernández y como el reloj no tiene trastorno de ansiedad generalizada, no acelera su marcha. 

Mientras tanto, esta semana ocurrieron una serie de hechos que llamaron mi atención en demasía. Enumerarlos no resultaría suficiente sin antes intentar explicar por qué fueron de importancia para mí y sí, de alguna manera, pueden estar vinculados entre sí de cara al futuro. Que en definitiva es lo único que nos queda por delante.

Ca7riel y Paco Amoroso en el Teatro Colón. Zarpadamente talentosos. Colta. El dúo de músicos de veintipocos años deslumbró en el teatro más prestigioso de la Argentina, con una bella y potente interpretación de Crimen, canción del legendario Gustavo Cerati, junto a una afilada orquesta sinfónica, dirigida por Alejandro Terán, en el cierre del ciclo La Nación Cultura. 

Siendo un señor adulto como soy, sería descortés de mi parte con quienes siguen el género del trap y las nuevas tendencias en la música nacional, intentar explicar un fenómeno que no necesita explicación, y avanza sin titubeos, a paso firme.

Nace en las redes. Lanzan singles y canciones en Youtube y reciben miles y hasta millones de reproducciones en pocas semanas. 

Los traperos no necesitan de los medios tradicionales, no aparecen en la tele, no mendigan prensa, ni entrevistas, y no paran un segundo de desarrollar y producir su arte y su poesía, las que desparraman genuinamente desde sus propias redes sociales y todo vuelve a comenzar. 

Duki, Wos, Acru, Ecko, LIT killah, Paulo Londra, Nicki Nicolle, Cazzu, Ca7riel, Paco y la lista de wachines talentosos es felizmente mucho más larga. 

No es ni a palos un fenómeno de época, ni una moda diseñada por el monopolio colonizador masivo de subjetividades. Ninguna de las altas esferas, esas que definen la lógica con la que el mercado cultural funciona puede condicionarlos; y muy por el contrario intenta cooptarlos, seducirlos y ‘comprarlos’. Aparecen marcas, sponsors, canjes y campañas. Cada artista de trap se convierte en su propia industria cultural creativa. Colta

Ca7riel y Paco Amoroso son portadores de una originalidad que conmociona, y por sobre todas las cosas, son dos laburantes de la música, no paran de producir y logran diferenciarse por la propia potencia de su obra.

Crimen, de Gustavo Cerati por Ca7riel y Paco Amoroso.

Quizá sea razón para otra nota en el futuro, que sirva para argumentar porque afirmo sin dudar un segundo que la cultura hip hop es un movimiento mundial que democratiza la producción artística, que genera igualdad y libertad creativa.

En los últimos años, el rap y las batallas de freestyle se viralizaron como una avalancha, siendo uno de los motivos fundamentales para la aparición y el desarrollo artístico de muchos de estos músicos y poetas que se cosechan a sí mismos en plazas y parques de todas las ciudades de Latinoamérica y España, y en poco tiempo llenan estadios.

La secuencia sería algo así: ir a rapear a la plaza del barrio, atreverse a demostrar velocidad mental, ingenio, agudeza y calidad en las rimas, alguien va grabar con un celular, va a subirlo a las redes, se va a viralizar y el Instagram va a explotar de nuevos seguidores que llegan por ese juego creativo de palabras que alguien registró en la plaza del barrio. 

Muchos de los traperos y raperos más exitosos en Youtube hicieron sus primeros duelos de rimas contra rimas en el mítico certamen de batallas de freestyle conocido como ‘El Quinto Escalón’, que se llevó a cabo en el Parque Rivadavia entre 2012 y 2017. 

Al mismo tiempo que el trap comenzaba a consolidarse en la escena musical hispanoparlante, el freestyle en español agigantó su ambición por profesionalizarse. 

Estos y otros elementos, permitieron que este fenómeno corone el 2019 con el hito de tener dos de los máximos exponentes de este nuevo trap argento, cantando con una calidad única en el mismísimo Teatro Colón. 

El Freestyle, deporte mental, igualador social y fenómeno de masas. Desde fines de la década del 60, la cultura hip hop se expande y evoluciona desde los barrios del conurbano neoyorkino a todo el planeta; actualmente empujado en algunas de sus aristas como el rap y las batallas de gallos, por la capacidad de viralización y el alcance infinito que tienen las redes sociales en estos días.

Dos personas se enfrentan en un duelo mental. Poetas capaces de construir estructuras metafóricas sobre cualquier base rítmica, soltando el flow. El público admira a los competidores y las reputaciones crecen. Más público. Más reputación. Poesia deportiva como espectáculo de masas. Muchos de estos poetas no superan las dos decenas de edad.

Este oasis de libertad mental y creatividad que fluye, encendió hace casi quince año el interés empresarial de Red Bull, bebida energizante. Esta compañía, realiza desde el año 2005, con un parón entre 2010 y 2012, la Internacional Red Bull Batalla de los Gallos, la competencia más importante del mundo. La propuesta sigue creciendo y genera millones de dólares. 

Simultáneamente a estos acontecimientos, exactamente en 2013, tres amigos españoles recién egresados de la universidad, iban a mudarse a diferentes ciudades y ya no podrían reunirse para rapear, para frestailear. Así que se les ocurrió armar una web en donde podrían trasladar las tardes de batallas entre amigos, más allá de la distancia. Así, nació Urban Rooster, plataforma de batallas online, donde miles de competidores de todo el mundo se enfrentan entre sí. Entrenamiento y competencia online. En la web, los usuarios podían compartir y mostrar sus canciones a otros, grabar sus batallas, había sistemas de puntuación y rankings. En muy poco tiempo, la comunidad empezó a consolidarse.

El crecimiento de Urban Rooster como industria creativa, como red y polo de atracción de miles de niños y adolescentes, despertó la demanda de raperos y público de la plataforma de generar eventos, encuentros reales y dejar de lado la virtualidad. 

Así se lanzó una liga permanente de competencia de freestyle en habla hispana: Freestyle Master Series (FMS). Los 10 mejores rankeados entrarían en la competencia oficial. Del puesto 11 al 20 tendrían una categoría B generando una liga de ascenso. Nueve fechas a lo largo de todo un año, recorriendo todo el país, y lo que es más importante, vendiendo miles de entradas hasta agotar la capacidad de cada evento.

La FMS primero funcionó en España, luego en Argentina, Chile y México. El año que viene en Peru. Los eventos internacionales empezaron a ocurrir por el cruce de los mejores de cada liga nacional, y se generaron un montón de fuentes de trabajo real y genuino para muchos artistas que alguna vez empezaron rapeando en la plaza del barrio.

Esta introducción y breve repaso fue necesaria para llegar a otro de los hechos que me pareció muy importante esta semana. 

El último sábado, se realizó en Madrid la Final Internacional de Red Bull Batalla de los Gallos 2019. Este evento, al cual asistieron más de diecisiete mil espectadores en un estadio repleto y con una transmisión en vivo vía streaming con más de dos millones de conectados viendo desde todos los rincones del mundo, se convirtió en un evento que mezcla el show con la competencia deportiva.

La representación argentina estuvo a cargo de Wos y Trueno, último campeón mundial y actual campeón argentino respectivamente. 

La jornada de espectáculo y entretenimiento terminó con la consagración de Bnet, un rapero español de veintiún años como campeón de la Red Bull Batalla de los Gallos 2019.

Wos quedó eliminado en primera ronda, Trueno en cuartos de final. Pero más allá del resultado, estos jóvenes artistas tienen, ya no solo el potencial, sino una realidad profesional sin ningún tipo de techo y sin más condicionantes que los que ellos mismos puedan generarse. El futuro de la cultura y el arte en Argentina es autogestivo.

El argentino Valentín Oliva, Wos, fue eliminado en primera ronda por el mexicano Aczino.

Alberto Fernández y Dolina debatiendo sobre políticas culturales. Otro hecho que llamó mi atención durante esta semana fue la entrevista que compartieron en Radio Con Vos, en el programa ‘El horno está para bollos’; el escritor Alejandro Dolina y Alberto Fernández.

En un momento de la conversación, Dolina le preguntó al Presidente electo sobre “un tema secundario”, de esos que no son tan importantes, como es el caso de la cultura.

“¿Cómo se hace para generar en estos tiempos una cultura popular y nacional?” preguntó Dolina y la comparación, que ya corre por cuenta de quien escribe, es inevitable ¿El Gobierno de Cristina generó un Plan en esta área? Pareciera a primera vista que no lo hizo ni de cerca.

Dolina relativiza con ejemplos un tema que, como él mismo aclara al principio de su intervención, es totalmente secundario. Básicamente, lo que el autor de las Crónicas de un Ángel gris crítica es la idea de que el Estado debe poner delante de la sociedad el arte a la que no tendría acceso de otra forma. 

“Durante algunos gobierno estaba muy en boga resolver los problemas culturales del siguiente modo. Vos lo ponias a Julio Bocca a bailar en el Obelisco y la cuenta era la siguiente: quizá la gente no tiene dinero para pagar la entrada del Colón para ver a Julio Bocca, o quizá es aún peor y directamente no tiene el dinero para pagarse los hábitos culturales que es necesario contraer previamente para después querer ver a Julio Bocca. Los bienes culturales son eso, son un derecho que las personas tienen. Tienen el derecho a que le enseñen a disfrutar de la buena música (…) Entonces lo ponían, medio de prepo en el Obelisco a Julio Bocca y ¿qué se suponía? que el tipo venía con el auto, y el ministro de Cultura pensaba ‘con esto resolvemos el acceso de las personas a los bienes culturales’. El tipo viene caminando, ve a Julio Bocca, se queda mirando y cuando vuelve a su casa ya es una persona que disfruta de los bienes culturales”. El Negro dice que él cree que no funciona así. Alberto dice que comparte y quien escribe esta nota transita la misma línea.

El Presidente electo aclara que es un gran consumidor de cultura: “amo ver un buen cuadro, una buena escultura, escuchar la mejor música, ver una buena obra de teatro. Para mi la cultura es muy importante porque es lo que alimenta el espíritu de los Pueblos” y acá no puedo evitar tener la primera diferencia conceptual con Alberto Fernández. Alberto, eso que estás definiendo es arte, no cultura. Le pido señor Presidente que no mezcle esos conceptos, otra vez. 

La política cultural del próximo gobierno es un buen terreno para llevar a la práctica esta consigna tan esperanzadora que habla sobre ‘volver para ser mejores’. Sería una pena que los equipos que se hicieron cargo del área de cultura durante el gobierno de Cristina vuelvan a ser los encargados de llevar adelante el área y limitar al ministerio de Cultura a una organizadora de eventos y ‘tallercitos’.

“El creador tiene cada vez menos derechos” afirma el electo Presidente Fernández y otra vez traza una línea confusa entre cultura y arte. Yo agregaría que el consumidor cultural también tiene cada vez menos derechos. Y lo que es mucho más preocupante es que muchísimas veces el creador y el consumidor son la misma persona, aunque el Estado y la política insistan en separarlos conceptualmente.

En fín. Cómo todo lo que acontezca hasta el 10 de diciembre, nos quedamos con el estado de incertidumbre que genera la expectativa que algunas personas podemos tener respecto al rumbo de la política cultural del próximo gobierno.

¿Y? Los tiempos de la cultura avanzan al pulso de la comunicación y los avances tecnológicos. Un Plan Estratégico Cultural es una utopía para esta Argentina y en este contexto. 

Las nuevas generaciones se vertebran sobre dinámicas inéditas para las generaciones anteriores. La comunicación en red y las herramientas creativas que pueden funcionar en cualquier computadora, democratizan la creación artística, quizá como nunca antes en la historia humana. La construcción y consolidación de audiencias y públicos seguidores es un proceso que ya no necesita de los medios tradicionales de comunicación. Los ciclos de consumo cultural carecen de eslabones para que el mercado de industrias culturales tenga un horizonte sólido en nuestro país y es ahí donde el Estado tiene una función que cumplir.

Se requieren diseños de políticas públicas capaces de acompañar los tiempos reales de los productores y los consumidores culturales; las nuevas formas en los nuevos tiempos.

Una experiencia maravillosa como el Canal Encuentro, hoy ya es obsoleta. Los jóvenes no miran la tele, miran Youtube, miran a otros iguales que ellos, produciendo contenido de buena calidad en sus propias habitaciones, en sus propias casas. El fomento que el monstruo corporativo llamado Google empezó a generar desde 2018 para que se multipliquen los canales educativos, de divulgación científica y formación cultural, marca un inicio en el largo camino hacia el futuro, y Argentina debe consolidarse porque posee un capital primario infinito para estas industrias: la creatividad.

Comprender a los creadores y los consumidores como agentes indisolubles ordena los esquema de una forma diferente. Ya no es necesario gastar millones en la producción de un programa de televisión. Seguramente con ese presupuesto se pueda equipar y capacitar a decenas de jóvenes creativos que pueden producir más y mejor contenido que los que la televisión propone desde sus anticuados estándares de calidad. 

Para entender cuál es el rol del Estado respecto a la cultura en estos nuevos tiempos, hay que escuchar y mirar más a los wachines. Colta.

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