Una y otra vez la Iglesia Católica se acomoda en el centro de atención, sostenida por su acción social y tironeada por sus abusos. El desafío de (re)explicar lo obvio. Una y otra vez…

Siempre me llamó la atención que en una reunión nadie se escandaliza cuando alguien dice “todos los políticos son corruptos”, pero si en la misma reunión, alguien se atreve a decir “todos los curas son pederastas” un ser humano indignado siempre salta de la silla. “Alguien” siempre se imagina un cura tercermundista, un sacerdote nostálgico de la infancia. Yo misma tengo mi propio Padre Jorge en mis recuerdos de primaria, pero no me pienso escandalizar… Siquiera porque las generalizaciones son espantosas y poco confiables.

Se calcula que actualmente existen aproximadamente 100.000 víctimas de la pederastia clerical reconocidas en todo el mundo por sobre algo más de 400.000 curas a nivel global. ¿Lxs alguienes también se escandalizan cuando los abusados por una institución representan el 25% de la planta permanente?

“Alguien” siempre va a decir que no es culpa de la Iglesia, de la religión o de la fe que haya abusadores con sotana. Si, una cucaracha albina no es la norma, pero en este caso parece ser una institución ideal para encubrir y amparar a delincuentes sexuales, al fin y al cabo en el mundo de Dios la confesión es el camino a la redención. Se sabe inteligentemente que cien Padres Nuestros y un traslado a Mendoza, limpian todas las almas

“Tocamientos, sacramentos, felaciones, juramentos…”

A fines de noviembre se dio a conocer la sentencia para los curas Nicola Corradi (83), Horacio Corbacho (61) y el jardinero Armando Gómez (51) por los delitos de abuso sexual y corrupción de menores en -por lo menos- 20 hechos dentro del Instituto Antonio Provolo, especializado en niños con discapacidad auditiva o del lenguaje. Pero Nicola, aún con sus 42 años de cárcel por venir – los cuales, excepto que llegue a cumplir unos pálidos 125 años, los va a ver desde la tumba- tiene una historia aparte.

En el 2009, 67 ex internados sordos del Próvolo de Verona, Italia, denunciaron haber sido abusados por 24 curas, laicos y hermanos religiosos en el periodo 1955 y 1984. Corradi, era mencionado en esa denuncia, aunque ya había sido trasladado en la década del ´70 a nuestro país. Dos años después, los mismos denunciantes le recordaron al Papa Francisco que era un peligro continuar amparando a Corradi en la sede de Mendoza, y previamente en La Plata -donde actualmente se encuentran investigando delitos de la misma índole.

Sería ilustrativo recordar que Nicola Corradi para 1956 estaba cumpliendo unos dulces 20 años, aproximadamente, por lo que cuando fue trasladado a la Argentina no tenía 40 años… Qué diferente hubiera sido la historia de las víctimas si Nicola hubiera visto pasar la vida casi 50 años saboreando barrotes de acero. ¿Lxs alguienes de la mesa, saltan por la dedicación de abusar menores por más de medio siglo y que tu reto haya sido mudarte de continente?

“Perversión why puro vicio”

Siempre me pregunto que pasaría si en vez de 63 denunciados por abuso, los sacerdotes y cía. fueran denunciados por ser narcotraficantes. Por vender cocaína a menores y obligarlos a aspirarla en sus caras, en vez de sentarlos en la sotana en silencio y susurrarles cosas como los hombres se tenían que conocer, y que como yo no había tenido un padre a mi lado el me iba a explicar las cosas de la vida mientras intentan acceder con humildad eclesiástica al pene de un adolescente de 19 años.

La Iglesia Católica no guarda pederastas sin querer, no es un gran nido de abusadores por pura casualidad divina. Es porque su funcionamiento integral, desde el momento de la orden de un cura, pasando por su discurso “el cuerpo peca, el alma no” y culminando en el secretismo de sus fueros, le da la estructura ideal a cualquier perversión. Quien quiera jugar al desconocimiento de cómo funciona hace años el traslado de “sacerdotes problemáticos” no tiene más que leer el diario o ver Spotliht o informarse en ECA Global, para contrarrestar esa farsa lúdica.

Si esto no llegara hasta la cumbre del Santísimo Padre, la Iglesia establecería un registro público de los acusados a nivel mundial, al igual que liberar con mayor facilidad el historial de cada sacerdote que queda a cargo hasta de una parroquia en el medio de la nada, asumiendo que esa persona va a tener poder y autoridad sobre una población determinada, y especialmente sobre niños, niñas y adolescentes.

Los altos mandos eclesiásticos quedan expuestos una y otra vez por estos casos que son la norma, pero que solo llegan a condena un porcentaje menor a la cantidad de denuncias. Mientras tanto, los traslados -cambiando nomenclaturas latinas- se siguen realizando, los informes internos se siguen cajoneando, y las disculpas de los arzobispados parecen ladridos de los perros del Vaticano.

“Alguien” que lea esta nota, saltará una vez más de la silla, se hará las cruces como pueda, pero no podrá nunca desconocer que la Iglesia Católica -y ese Papa que llaman peronista- hacen muy poco, poquísimo, por solucionar el problema de raíz y hacerse cargo de la factoría de pederastas que tienen escondida. Oh, Dios… Líbranos de ellos. Líbranos del mal. Así sea.

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