El fin de la experiencia del Macrismo en el gobierno es un hecho. Entre la cadena nacional del pasado viernes y la plaza del sábado, solo queda la entrega de los atributos y la llave del Estado a la nueva administración, que ha presentado a los hombres y mujeres que se harán cargo del desafío titánico de solucionar los enormes problemas que deja el mejor equipo de los últimos cincuenta años. En el poder, el establishment que éste representa seguirá presente, con un partido propio y capacidad para obtener una buena cantidad de votos.

En estos cuatro años donde la derecha conservadora se presentó como “novedad”, garantía de modernidad y eficiencia por su origen en la función privada, ninguno de los problemas de la economía argentina fueron abordados de forma exitosa, es más, se agregaron otros que parecían superados.

La utilización irritante de metáforas y slogans para explicar lo inexplicable y ocultar el retroceso, al que han llevado a economía argentina en términos de producto y desarrollo de sus capacidades, hacen que la discusión de los temas estructurales y de fondo haya quedado lejana.

Es necesario que en esta nueva etapa se retome la agenda real, el debate de un modelo de país que crezca de forma sostenida y sustentable, que incorpore al sistema a los millones excluidos y que se inserte en el concierto internacional de forma ventajosa para lxs argentinxs.

Está claro que ya en 2015 la economía estaba frente a ese desafío: la restricción externa, el estrangulamiento del balance de pagos que se materializa en la escasez relativa de divisas, lo que frena la posibilidad de financiar el crecimiento. 

En la cadena nacional de la justificación del fracaso que pretendió ser un balance de gestión, el presidente dijo una verdad que vale la pena resignificar para que tome sentido: Un error fundamental fue no haberle dicho a la sociedad cual era el estado de cosas que habían encontrado. Palabras más o menos no hay dudas de ello. No tenían idea que se encontraron ni que hacer. Lo hemos dicho en otras oportunidades, el pecado original de Macri fue el error de diagnóstico. Un solo ejemplo vale para graficar esto. El presidente menciona como un logro el superávit energético. No es muy difícil descubrir que si la capacidad instalada está operando al 55% lo que sobra es energía. Nada que festejar para el gobierno que siendo oposición voto en contra de estatizar YPF.

Nunca estuvieron presentes en su discurso ni en el análisis de su equipo de trabajo la restricción externa, ni la importancia en modificar la estructura económica argentina (desequilibrada, citando a Diamand) y las característica estructurales de la inflación.

No sorprende. Nada de esto se enseña en las universidades norteamericanas ni en los manuales de macroeconomía con los que estudiaron los ministros y asesores de Cambiemos. No es algo negativo per se, que se entienda, pero la economía ortodoxa no da respuestas para estas cuestiones, más bien las niega.

Luego de repetir hasta el cansancio la zoncera de los 70 años de decadencia, volvimos a los problemas de mediados de siglo que nos acompañaron hasta la crisis del 2001. Desindustrialización, estancamiento, desempleo y deuda externa. La culminación fue la vuelta del FMI. 

Lo cierto es que en 2015 la economía ya mostraba límites para seguir creciendo,  si bien ese año cerro con crecimiento (un razonable del 2,5%) y con la inflación retrocediendo, estaba pendiente la discusión sobre cómo encarar las reformas estructurales pendientes, la mejor utilización de los recursos y el desarrollo en áreas importantes como energía y transporte. Algunas de estas ideas están desarrolladas de forma muy exhaustiva en el libro de Matias kulfas “Los tres Kirchnerismos”. Cualquiera que lo lea, sabrá que es una buena noticia que este economista vaya a ocupar la cartera de producción.

La restricción externa está presente en la historia argentina por lo menos desde mediados del siglo XX. Los ciclos de “Stop and Go” que caracterizaron los periodos de industrialización fueron estudiados (el nombre se debe al trabajo de Braun y Joy), por muchos economistas de CEPAL con un foco claro en America Latina. Diaz Alejandro, Celso Furtado o Aldo Ferrer son lecturas interesantes de este fenómeno, cada uno con énfasis en diferentes cuestiones, pero una conclusión clara; la industrialización es el camino para salir del subdesarrollo.   

Cuando una economía en vías de desarrollo crece y se industrializa, lo hace consumiendo divisas que utiliza para adquirir bienes de capital. También la mejora de los salarios reales genera un cambio de hábitos en el consumo de sectores medios que consumen bienes importados y por ejemplo, viajan al exterior. El resultado es que la balanza comercial comienza a mostrar un fuerte deterioro debido al aumento de las importaciones y a un estancamiento de sus exportaciones, que son generalmente son productos primarios (commodities) con desventajas en los términos del intercambio y poca capacidad de crecer de forma exponencial como es el caso de las manufacturas industriales. Los limites en la oferta, la puja distributiva y la disputa por el excedente se traducen a los precios, lo que activa el proceso inflacionario.

Esta situación a su vez, presiona sobre el tipo de cambio, ya que la demanda de dólares comienza a presionar sobre una paridad que debe ser sostenida, o con intervenciones del Banco Central (vendiendo reservas) o con endeudamiento. Ambas, a la larga, terminan en devaluaciones contractivas (recesión), o en un control de cambios muy restrictivo, que también tiene efectos recesivos sobre la economía. 

Como se ve, todo este proceso goza de una actualidad asombrosa. La pregunta es que de todo esto estuvo presente en la propuesta económica de Macri, obsesionado con el resultado fiscal endeudando al país de forma vertiginosa para financiar gastos corrientes en pesos. Seguramente y a la luz de las políticas implementadas, no mucho.

La política monetaria basada en metas de inflación, el enfoque netamente monetario de esta, esto es, atribuirle solo un origen monetario a la suba de precios, la devaluación impresionante del peso y el desinterés por desarrollar capacidades productivas fuera de la actividad primaria, son todas políticas en contrario.    

Daría la sensación que se inicia una etapa diferente en este sentido. Volver para ser mejores puede entenderse como la intención de retomar estos temas. La elección del equipo económico no es poca cosa. El nuevo ministro de economía tiene claro el condicionamiento que la deuda externa tiene sobre el proceso de crecimiento y los riesgos de no encararlo de forma urgente. La mención de Alberto Fernandez a una negociación rápida y la necesidad de crecer para pagar daban pistas acerca de este nombramiento. Como dijo Daniel Tognetti en su cuenta de twitter, es un buen momento para escuchar la entrevista que este periodista le realizo al economista de la Universidad de Columbia y cercano al premio nobel de economía Jozeph Stiglitz, quien se especializa en reestructuración de deuda soberana.

Como ya se ha dicho, uno de los que observaron y han criticado la última etapa del kirchnerismo donde la restricción externa apareció con fuerza fue Matias Kulfas, quien tendrá la tarea de llevar adelante muchas de las propuestas que el mismo hizo para mejorar la estructura productiva y generar un uso más eficiente de los dólares disponibles.

Completa el mapa la designación de Guillermo Nielsen al frente del proyecto de Vaca Muerta. Las inversiones y la necesidad de mantener y ampliar la oferta, con energía abundante y barata como vector fundamental de la productividad es lo que hará posible producir y exportar bienes a precios competitivos.

El peronismo ha vuelto al gobierno luego de un periodo fuera de él, algo impensado hace poco más de un año, no por los resultados de la economía, claro está, sino por las subjetividades del tiempo político y la capacidad del oficialismo de recrear el antiperonismo mas rudimentario, lo que le ha dado resultados hasta que el deterioro de la calidad de vida de gran parte de la sociedad se hizo evidente.

Tal vez el “volver para ser mejores” recoge la idea de retomar la tarea inconclusa en 2015, donde se habían alcanzado niveles de vida sustantivamente mejores que en las décadas anteriores, pero las nuevas demandas y la propia estructura económica encontraban límites para seguir expandiéndose. Es la hora de volver a la agenda real, luego de cuatro años de retroceso neoliberal.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre acá