A veces me avergüenza reconocer que en el 2015 tuve mis dudas respecto a cuán malo puede ser para el país un gobierno no peronista. Jamás se me cruzaría por la mente votar a una coalición de derecha, pero tampoco creí estar 4 años más tarde festejando con tanta alegría que sus máximas figuras abandonen completamente la vida política. Un radicalismo callado, una líder política con delirios y muchos CEOs tomando ministerios claves no me pareció tan grave en el momento; sentía que era todo una jodita para Tinelli y que en cualquier momento los camarógrafos iban a salir de alguna esquina para reírnos a costa mía. Pero no. A pocos días de asumir se llevaron puesta a la ley 26.522, mal llamada Ley de Medios. Con decretos y aumentos cargaron contra el pueblo. Reprimieron hasta a jubilados. El país empezó a pasar hambre mientras el presidente se tomaba una semana de vacaciones de sus responsabilidades. Se convirtieron en el gobierno más nefasto de la democracia moderna argentina en tiempo record. Dejaron un país saqueado y un pueblo dividido.

No tengo el derecho a hablar sobre lo mal que la pasó el pueblo bajo la presidencia de Macri porque sería hipócrita; muchos la pasaron muchísimo peor que yo. Sin embargo en estos 4 años fui testigo de la caída del consumo, de la gente teniendo menos plata en el bolsillo y de cómo el aumento a los servicios puso en peligro un negocio familiar de más de 30 años. Cada semana que pasaba era otra soga al cuello, otro discurso de como habia que poner el hombro para poder salir adelante. Nos mandaron a abrir cervecerías, nos dijeron que un aumento valía lo mismo que dos pizzas y que la culpa de todo fue nuestra. Todos recordamos que un pibe fue preso por tuitear. Nos quisieron vender al presidente como feminista, preocupado por el ciudadano común, espontáneo en una pancheria. Nos culparon de causar que el dólar se dispare una vez más, trataron de normalizar que consumiamos productos que no nos correspondian. El pueblo en conjunto la pasó mal, unos peores que otros. Aunque esto no detuvo a quienes la pasaron mal pero seguían odiando a un gobierno que terminó años atrás.

Desde que empezó el 2019 tenía en mi cabeza la ansiedad por la posibilidad democrática de sacar del poder a esta runfla de chetos infames. Fueron meses de incertidumbre en los que el ciudadano de a pie no conocía los pormenores del armado político que, meses más tarde, iba a convertirse en oficialismo. Fue una mañana que nos desayunamos un video donde anunciaban que la fórmula encabezada por Alberto Fernández y la ex presidenta Cristina Fernández iba a competir por la presidencia. Una bomba que no iba a terminar de explotar meses más tarde, cuando ganaron las PASO con más del 50% de los votos. El Frente de Todos se convertía en el favorito de cara a octubre, y el país reaccionaba a esto. La vuelta del peronismo era una realidad que se podía palpar incluso desde mi lugar en un comercio. El discurso del odio también, pero a ellos no les importa lo que le pase al resto del país.

Empezó octubre, y la ansiedad de hacia mayor. Las noticias nos mostraban un gobierno ausente, sin líderes, desordenado. Los números eran cada vez peores. Lo único que nos salvaba de un desastre social era la confianza de que el 27 un mejor proyecto de país ganara en las urnas. Y así fue: el peronismo ganó las elecciones nacionales y provinciales. Lo que vino después es historia conocida: un presidente electo con mayor influencia que el presidente en funciones, personas con miedo a convertirnos en Venezuela y un desfile de nombres para negociar el futuro del país sin vender al pueblo. La alegría por la chance de volver a vivir bien, de terminar con el hambre y el desempleo, de reactivar la industria nacional y volver a crecer. Todo eso culminó con una fiesta en Plaza de Mayo, que fue la maxima representacion de la felicidad de un pueblo que quiere crecer, quiere trabajar y quiere ver al país parado nuevamente. 

Nos bancamos cuatro años, pero ya no más. Sacarnos de encima un gobierno empobrecedor es un logro que se festeja con una plaza llena y se defiende a capa y espada todos los días. No pasó una semana desde la asunción y ya existe la amenaza de protestas y marchas de sectores que fueron favorecidos en detrimento del pueblo y del país. El año que viene nos esperan dificultades que tuvieron su origen con la deuda tomada por el gobierno de Macri. Casi un 60% del país votó en contra del actual oficialismo. Estamos rodeados por gobiernos de derecha en casi toda Latinoamérica. El peronismo volvió, el pueblo esta satisfecho, pero son cuatro años en los que toca levantar a un país casi desde las cenizas y la gente lo sabe.

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