El Gobierno Nacional se encuentra luchando desde el 11 de agosto contra dos fantasmas fabricados por ellos mismos: el de una supuesta oposición golpista que intenta desestabilizarlo diariamente y el de grandes sectores de la población que están pasando hambre.

La elaboración del monstruo opositor que le acecha en las sombras comenzó el 12 de agosto en la conferencia de prensa de un Mauricio Macri en estado puro, sin coaching de por medio, que retó a lxs votantes por haberse atrevido a poner en las urnas la lista de quienes no iban a volver más.

Ese día se hizo pública la conclusión inmediata, de la mesa chica del oficialismo, de por qué una fuerza política que en enero soñaba con llegar a un balotaje le había sacado 15 puntos de ventaja: la gente no aguantó el esfuerzo y a la mitad del río quiso volver atrás.

Si existió autocrítica o un análisis de mayor profundidad sobre qué fue lo que rompió la máquina de ganar elecciones, las acciones de gobierno de las últimas semanas se encargaron de ocultarlas.

Mauricio Macri se debate cotidianamente entre el candidato que cree poder llegar al balotaje con una épica que solo existe en el microclima de Twitter, y el Presidente de la Nación al que el círculo rojo considera jubilado. En el medio están las argentinas y argentinos que sufren, por la debacle de la economía real, una situación social que no termina de explotar, en gran medida, por el trabajo de los movimientos sociales que esta semana se movilizaron en reclamo de la Emergencia Alimentaria.

Según el INDEC, la pobreza afecta al 46,8% de lxs menores de 14 años y el 14,5% de lxs niñxs pasaron hambre en el último año. Mientras las organizaciones sociales advierten que no dan abasto para suplir la demanda de comida que crece exponencialmente, la Universidad Católica Argentina difundió un informe a fines de agosto que asegura que cuatro de cada diez niños, niñas y adolescentes bonaerenses se alimentan en comedores populares todos los días.

El impacto de la crisis sobre estos segmentos de la población es de tal magnitud que cerró la grieta entre actores que difícilmente se pondrían de acuerdo en un reclamo conjunto: La Emergencia Social y Alimentaria, impulsada en la calle por la CTEP, Barrios de Pie y la Corriente Clasista y Combativa, es exigida también por la UIA, la Iglesia Católica, la CGT, la CTA, la Confederación Nacional de Cooperativas, Coninagro, Carbap, la Federación Agraria, Roberto Lavagna y Alberto Fernández.

Desde el oficialismo responden con el fantasma de la desestabilización: “suena a slogan de campaña” aseguró el Ministro de Cultura, Pablo Avelluto, en Radio con vos. “No tiene sentido. El 65 por ciento del total del presupuesto está comprendido en planes, cooperativas de la pobreza y multinacionales del cartón”, afirmó el candidato a vicepresidente, Miguel Ángel Pichetto, en Radio La Red.

Decretar la Emergencia Alimentaria habilitaría al gobierno nacional a redistribuir recursos a los comedores y merenderos populares, representaría una respuesta institucional a un problema social que están sosteniendo, como pueden, las organizaciones sociales. Pero en el entorno presidencial consideran que aceptar las demandas sería un gesto de debilidad política.

El corset se lo pusieron ellos mismos. Mauricio Macri se queja cotidianamente de los problemas que el proceso electoral le causa a la Argentina, pero quienes hoy manejan la botonera del Estado prefieren aparentar fortaleza política en lugar de otorgar respuestas.

Desde los distintos bloques legislativos de la oposición se pusieron de acuerdo en los pasos a seguir en caso de que el Gobierno se niegue a firmar el decreto. La intención es convocar a una sesión especial para tratar, sobre tablas, un proyecto unificado de Emergencia Alimentaria.

Eso dejaría a los diputados y diputadas del oficialismo ante un escenario complejo: si no bajan al recinto, la oposición tiene los números para aprobar el proyecto, pero si ocupan sus bancas deberán pagar el costo político de votar en contra de una Ley que busca aumentar el presupuesto de los comedores y merenderos populares.

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