Las preguntas se multiplican cuando aparecen nuevas respuestas, más en un momento histórico que pretende dormir al pretérito imperfecto del pasado. El feminismo no quedaría por fuera de esa afirmación. No importa cuándo leas esto.

Reinterpretar el mundo desde otras palabras e imaginarios no es una tarea que comienza y termina en un día específico: ni comenzó el 3 de junio del 2015 con #Niunamenos, ni Harvey Weisntein fue el primer productor abusador y violador de la industria audiovisual, ni Rodrigo Eguillor es el primer… Rodrigo Eguillor.

Los nuevos escenarios sociales, que fueron productos de batallas y retóricas de todo tipo y en todo ámbito, disponen nuevos conflictos y nuevas necesidades de nombrar. Eso se traduce, por lo menos para aquellas personas que tienden a reflexionar sobre la cotidianidad de la vida, en nuevas contradicciones y nuevos escenarios… Y, por carácter transitivo, en alguna nueva respuesta.

En las últimas semanas se dieron episodios que burbujean el feminismo ¿cuál es el papel de la “mujer fatal” en este tiempo histórico, si es que eso existe? Y ¿cuál es la sororidad necesaria con la mujer patriarcal promedio? Dos preguntas que suelen tener diferentes protagonistas, decorado y ambientes, pero con cierta gracia se perpetúan en el eterno imaginario.

Luciana Salazar en la última entrega de los Martín Fierro de Radio. Foto: Instagram @SalasarLuli

Luciana Salazar, seguramente por su propia voluntad, no será sumamente reconocida en la defensa del feminismo. Pero tiene la capacidad marketinera de llevarnos un paso más allá. Su belleza, un crisol entre la naturalidad de la genética y lo sintético de un piso flotante, nos lleva a mirarla de reojo, a querer repensar estereotipos de belleza (quizás sea hora de hablar de estereotipos de fealdad) y la expresión de lo erótico, por fuera de lo hegemónico, heterosexual y capitalista.

Nos llevó hasta a replantear en la cena familiar cuál es el papel de la mujer en un vientre subrogado hace dos años- y no en tono de Phoebe Buffay en Friends, sino aquellas gestantes que recurren al embarazo como fuente de trabajo. Insatisfecha, nos llamó a corregirnos cuando a fuerza de Twitter registraba el resultado de las PASO antes que Mauricio Macri nos mande a dormir minutos después.

¿La experiencia de habitar un cuerpo a demanda de la estética capitalista nos determina como sujetos de pensamiento feminista?

Jimena Barón, con un presente explosivo y un nivel de autogestión que te dan ganas de perdonarle un montón de patrifiltraciones, tampoco es la reina de la Teoría de Género. La contradicción constante del culo prolijo inmerso en todos los mensajes no suma a hacer una sociedad igualitaria, en término de redistribución económica y resignificación de identidades.

“Empoderarse es mostrar un culo, sin complejos, que no se parece al de Jimena Barón.” Reflexionaba en twitter la periodista Julia Mengolini. Foto: Instagram @baronjimena

La hipersexualización de los cuerpos feminizados – digo sexualización, no exposición- es un debate plural, que tiene la característica de tener que llegar a conclusiones urgentes en un entramado de contradicciones históricas y culturales. La caída a una moral victoriana parece un desenlace prometedor, pero es una estafa a la libertad porque impide la expresión de una identidad, que no le hace daño a nadie… Pero confunde.

¿La sexualización sistemática del cuerpo es una construcción propia de la voluntad?

El domingo 25 de agosto, Susana Giménez entrevistó a Mariana Nannis, muñeca solemne del baño con vino espumante, y convulsionó no solo las redes sociales, sino los programas periodísticos que se dedican a contarle las pajas al ojo ajeno, cuando deberían reflexionar sobre su propia hojarasca.

La Nannis no conmueve ni a su hermano Gonzalo Nannis, que con total parsimonia cuenta una tragedia disfrazada de oro. No conmueve por su discurso actual ni por sus antecedentes históricos, no conmueve porque confunde la intimidad y el deseo de su actual marido, Claudio Caniggia, con la palabra “prostituta”. Y lo hace 1, 2, 5, 10, 20 veces… Incansable.

Habría que preguntarle si realmente tiene una posición abolicionista frente al trabajo sexual, o lo que jode es la decisión voluntariosa de tener sexo con otra persona que no sea ella. Es difícil todavía para el ojo en deconstrucción, medir la prioridad de la información en un discurso misógino, imperialista, discriminador, racista… Y solidarizarse.

¿la sororidad es un ejercicio impoluto o es una gran batalla de barro y glitter?

Los tiempos obligan a repensar ciertas estructuras que se daban por naturales, ciertas, normales y lógicas. El feminismo, más que cualquier otro movimiento, permite este vaivén entre preguntas y repuestas, porque necesita un nuevo contrato social, y para eso hay que exponerse a no saber nada, y aprehenderlo todo. Eso se logra con las minorías oprimidas incluidas y la mamusha que se esconde debajo de eso, que cotidianamente y sin saber bien que es, llamamos “ser mujer”.

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