¿Cuál es la infracción que tiene la pena de ser incendiada frente a tus hijos? ¿Cuál es el pecado que se paga siendo atada dentro de una sábana? ¿Cuál es la ofensa que permite descuartizarte en ocho partes y tirarte a un río? ¿Qué delito es castigado con 15 mazazos en la cabeza?.

Pasaron 259 días del año y 223 femicidios, según el reciente informe del Observatorio Ahora Que Sí Nos Ven. No hace falta ser científicx para que te suene un número descontrolado. ¿Qué haría el Estado si esos números pertenecieran a un asesino serial suelto en territorio? Si te dijera que existe ese monstruo de 223 cabezas… ¿me creerías?

Navila Garay (15), Cielo López (18), Vanesa Caro (36) y Cecilia Burgadt (42) tienen algo en común: sus vidas dejaron de pertenecerles el pasado fin de semana. Pasaron a engrosar los números paupérrimos que manejamos con respecto a la violencia de género. Deberíamos darnos vergüenza como sociedad, pero hay que asumir la responsabilidad de seguir, porque somos los que el patriarcado no pudo matar.

Informe Observatorio Ahora Que Sí Nos Ven.

Es momento para que el Estado deje de asumir que esto es una simple caricatura de un delito que se enfrenta solamente con discursos empatizadores cada vez que las redes sociales pegan un grito en el cielo. Un Estado desinformado, desfinanciado y desequilibrado en su representación, no le hace un favor a ninguna persona en este mundo, mucho menos si tu experiencia en el mundo es desde el rol de mujer.

Es hora también de que los medios masivos de información redefinan categóricamente su discurso y dejen de lado la relación víctima-agresor y consideren al agresor como elemento fundamental de la sistemática escalada de violencia machista. La experiencia del victimario debería ser el eje de atención para educar a la sociedad y empujar políticas públicas reales y eficientes.

“Los dueños del lugar expresan su control territorial al ´escribir´en el cuerpo de las mujeres, como sobre un bastidor o un pizarrón, su capacidad de desaparecer, hacer sufrir y matar” analiza Rita Segato, en Pedagogías de la Crueldad, para ilustrar el Mandato de la Masculinidad en tiempos en que todxs somos objetos para comerciar.

Según la Asociación Civil La Casa del Encuentro 2406 mujeres fueron víctimas de violencia machista entre 2010 y 2018, aproximadamente 267 muertes por año por una cultura que aplaude a los dueños de la tierra y los cuerpos y estigmatiza las muertes con minifaldas, drogas, desobediencias y familias irresponsables.

Navila Garay, Cecilia Burgadt, Cielo López y Vanesa Caro víctimas de femicidio en el último fin de semana.

Todo queda encapsulado como si fuera una fotografía de la vida cotidiana. El principal sospechoso por el asesinato de Cecilia Burgadt ¿no habló con nadie excepto con la policía del cuerpo de la enfermera? ¿Se llevó a su almohada solito el crimen? Luego de pegarle brutalmente a Navila Garay y enterrarla como un perro, ¿Nestor Garay se bañó y guardó en su cajón el recuerdo de un femicidio? No parece real que alguien sea capaz de descuartizar y se vaya a su casa como cualquier día, cómo si no hubiese sumado su cabeza al monstruo que asoma cada 27 horas en este país, y cada 6 horas en todo el planeta.

Mujeres que “aparecen muertas” como si despertaran resfriadas. Mujeres que se pierden en el rastro y aparecen por partes en las corrientes de agua dulce de Neuquén. Los medios se preguntan si es obra de un cirujano o un carnicero, yo me pregunto si realmente no saben que la realidad supera a Netflix.

“Nos matan como mujeres, dirán los perros” dirá eternamente Julieta Ranno. Por lo menos hasta que el monstruo del femicidio sea abordado desde el problema de la masculinidad y no ya desde la Revolución Feminista.

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